Hace mucho que no escribo. Pero una vez leáis las líneas que aquí siguen, comprenderéis un poquito más que está pasando con mi vida estos últimos tiempos.
El piso, como ya sabréis, tuve que abandonarlo el 28 de Noviembre. Desde entonces, no tengo lugar donde vivir. He estado durmiendo un tiempo en la casa de los chilenos, mientras tenían una cama libre, de esta manera, salíamos beneficiados dos: La persona que en ese momento no se encontraba viviendo con nosotros, pues su renta era pagada, y yo, que tenía un sitio para alojarme. Pero esto, terminó el 12 de Diciembre, cuando me fui de viaje a Perth, y a la costa Oeste.
Mi viaje a Wastern Australia fue maravilloso de partida, pero la soledad de estar 12 días incomunicada se hace notar, y el 24, deseosa de compañía, me volví a Sydney. Como mi vuelo era muy temprano y en estas ciudades, no hay manera de llegar de forma apropiada a los aeropuertos si se trata de estar allí de madrugada, aproveché y como una indigente cualquiera, me puse una almohada en el suelo, y tapada con una mantita, intenté dormir entre las cintas de transporte del equipaje de llegada. Sinceramente, no se lo recomiendo a nadie. Demos gracias a que el vuelo de vuelta lo operaba Quantas, y al menos, tuve un desayuno decente.
A mi llegada de nuevo a la casa de mis chilenos, no sabía lo que me esperaba. A las 2 de la tarde, dejé mi equipaje y salí corriendo a comprar los ingredientes para dos tiramisús destinados a ser el postre de la cena de Navidad, y que he de decir, que me salieron deliciosos. La española se encargaba de los postres, mientras que los chilenos se encargaban de la cena principal. Pudimos disfrutar de un increible pavo asado con zumo de naranja, que en un primer intento, quedo estupendo. También carne asada, y ensaladas de todos los tipos, distintos arroces... De aquella cena, nos quedo comida casi para el resto de nuestra estancia.
Con más gente que en la guerra, la casa estaba el día de la fiesta de Navidad que pensé que se colapsaba. Tuvimos cada uno nuestro regalo, pues hicimos un amigo invisible entre nosotros. Claro, que siempre hay errores, con lo que Silvana recibió un regalo de dos personas distintas, dejando a Marine sin su sorpresa. La verdad, mi sentimiento de culpa era infundado, pero aun así...
Aquella noche, al menos pude dormir en un cama. Para las siguiente, mis expectativas de encotrar un espacio libre en la casa decayeron drásticamente, y previendo que me tocaban 10 días de dormitar en el suelo de el salón, compré un colchón inchable que me ha salvado la vida.
Navidades en verano son demasiado raras, se merecen su propia entrada (si algún día tengo tiempo), pero decir que la estancia en una casa para 6 personas, que alojaba algunas noches hasta 18, se hizo algo complicada, pero la gente siempre estaba donde la necesitabas.
Año nuevo pasó, y el 2 de Enero esa casa debía ser desocupada. Tuve que buscar una amiga que me hiciera el favor de guradarme la tabla de surf y cuidara de mi pez (al que entre Judith, la hermana de Roland, y yo, le cambiamos su casa, con lo que ahora puede nadar en una pecera más grande). Anne se ofreció sin ningún problema, y también nos alojó una noche en el suelo de su salón, cosa que Roland y yo, los dos pobres indigentes, agradecimos en el alma, pues estabamos dudando entre dormir esa noche en la playa o en la universidad, y teniendo en cuenta que llovía... Sydney en año nuevo está a rebosar de gente, si quieres un albergue para esas fechas, acuerdate de reservarlo al menos con 6 meses de antelación.
Ahora estamos dos días en un albergue en la ciudad. No es barato, pero al menos, nos permite dormir en una cama después de lo que parecía una eternidad de gente yendo y viniendo, ruidos, e incomodos lugares donde pasar la noche.
Mañana vuelo hacia Brisbane. No es un vuelo demasiado feliz pues es la despedida final de una era. A mi vuelta, ninguno de mis antiguos compañeros de piso quedará en Australia. Sé que algunos de ellos serán muy buenos amigos mios durante mucho tiempo, pero nunca será como ahora. Intento centrarme en la idea de viajar, que me sube el ánimo. No tengo muy claro cuando volveré. No sé cuando podré volver a escribir. Mi plan es que un chico que vive en Queensland, Chris, me lleve en su coche y me la muestre, como solo un autoctono puede hacerlo. Pero me tocan entre 2 y 3 semanas de dormir en campings y coches. De ahí, tomaré un vuelo a Melbourne para visitar a otros amigos. Espero que para entonces, pueda dormir en una cama de verdad. Finalmente, mi último destino espero que sea Tasmania.
Planeo mi vuelta para la segunda semana de Febrero. Entonces, podré empezar a conocer a la nueva generación de estudiantes que entran en la universidad, buscar amigos, e intentar realquilar mi antiguo piso para tener por fin una casa, tras tres meses de ser una ocupa.
Una vez finalizados todos estos viajes, gestiones y presentaciones, el 23 de Febrero empiezan las clases, pero creo que me merezco algo más, con lo que el 26 de Febrero, partiré de visita a Hawaii. Las primeras semanas de clase nunca sirven de nada.