jueves, 18 de septiembre de 2008

Cerrado por vacaciones

Antes de nada, y visto el éxito que tuvo hace dos entradas, la historia del reggeton, contar que hoy, en el gimnasio, hemos bailado la única y verdadera "Gasolina". Me siento como en casa.

Hoy hace exactamente dos meses que salí de Madrid. No sé que decir. Las tres primeras semanas fueron muy largas y bastante duras. Pero después, el tiempo se me ha pasado a toda prisa. Quién me iba a decir a mí hace un año, que en este momento iba a estar escribiendo en mi blog desde las mesas blancas del 5º piso de la University of Technology of Sydney. Por ese entonces, aun no me creía lo que iba a hacer. Y para ser sincera, aun lo pienso, y realmente, no me creo que esté aquí. Y cada vez mejor.

Después de comer mi nueva comida favorita en Sydney, Laksa, y mi postre favorito, cono de helado del McDonald's de 30 centavos (o lo que es lo mismo, 18 céntimos de euro), he decidido cerrar mi blog. Pero por un tiempo muy concreto. Dos semanas de vacaciones de primavera que empiezan mañana. Y dispuesta a aprovecharlas, el domingo parto a las 8:15 dirección Fiji, a pasar 12 días de playa, sol y relax, como ya viene siendo costumbre, yo sola. El precio es bastante elevado, pero, ¿qué otra oportunidad voy a tener para visitar Fiji? Además, tengo ya programadas diferentes actividades, como buceo en la barrera de coral, espeleología, crucero por el océano para ir de isla a isla, visita a los bosques tropicales... Todo un lujo. Estoy deseando llegar, pues van a ser mis primeras vacaciones de verdad después de un año entero. A mi vuelta, espero poder contaros historias maravillosas, llenas de color, y mostraros fotos del verdadero paraíso. Pero para ello, habrá que esperar al menos hasta el 3 de Octubre, ya que mañana tengo clases todo el día, y el sábado, fiesta en la playa, y no voy a poder actualizar con nada más.

Agradecer a todos vosotros que estéis ahí leyendo este blog. A todos aquellos que lo visitan y dejan su comentarios, a los que entran y luego me envían un mail como contestación, y también, un agradecimiento muy especial a todas las personas que me siguen día a día, aunque no dejen ningún comentario, que sé que también son muchas. Vuestro apoyo, interesándoos por mí, hace que cada día sea más fácil, y que me emocione escribiendo estos párrafos tanto como leyendo vuestras opiniones.

A mi vuelta, prometo publicar las entradas más interesantes, como pueden ser descripciones de Paddy's Market o Darling Harbour. Verdaderas fotografías de la ciudad en la que vivo, para que empecéis a ver lo mismo que yo cada día.

Muchas gracias a todos, y espero que sigáis ahí a mi vuelta.

martes, 16 de septiembre de 2008

¿Sabías que... V

Las monedas de $2 son del mismo tamaño que las de 5 cent?

¡Y casi más fáciles de perder!

lunes, 15 de septiembre de 2008

Del tiempo y maratones

Bueno, hoy tampoco me apetece contar historias elaboradas, aun tendrán que esperar. Tengo al menos tres en mente, pero son algo intemporales.

Contar que este fin de semana, ha sido el mejor que he tenido desde que llegué a Sydney. Resulta que en esta ciudad, oficialmente existen las 4 estaciones que todos conocemos, pero en realidad... Se reducen claramente a mi parecer en 2: invierno y verano. Cuando llegué todos sabéis que era pleno invierno. Debías ponerte tu abrigo, sudadera, camiseta de manga larga... Pero el 1 de Septiembre, en teoría, entra la primavera. En realidad, lo que entró ese día fue una tormenta de vientos huracanados y lluvias torrenciales, que duró más de 4 días sin parar, y que hicieron que la venta de paraguas se disparara, pues la imagen más común si te atrevías a salir a la calle era gente intentando que su paraguas dado la vuelta y completamente roto, les tapara al menos una pequeña porción de su ya de por sí calado cuerpo. Ese fin de semana aproveché para pasarme por el "Sydney Acuarium". Por supuesto, yo sola, como ya es costumbre. Aprovecharé una entrada completa para poder comentar con toda tranquilidad la experiencia de cruzar túneles repletos de tiburones, pero este no es el momento. La semana que lo siguió fue algo más cálida, sin tantas lluvias, pero te seguía obligando a abrigarte.

Mi fin de semana podría decirse que empezó el Martes, cuando empecé con mis clases de salsa gratuitas. Me lo pasé tan bien, que decidí que a pesar de tener una clase de Software Engineering el Viernes a las 9:00, el Jueves quería pasarme por La Cita, pub de salsa, lugar de reunión obligatoria de todos los estudiantes internacionales. Para ser sincera, no me gustó especialmente. Era como estar en un club con música de "pachanga" cualquiera de España, pero repleto de gente. Pude escuchar desde Juanes hasta reggeton electrónico de lo más raro. Eso sí, yo allí era la reina... La gente me preguntaba emocionada "¿pero tú entiendes la letra? ¿Qué dice?". No quieras saberlo, de todos es sabido que este tipo de música no destaca por su cuidada lírica. A la una, Kristin, mi compañera de piso alemana, y yo decidimos que era hora de volver a casa. Pero claro, no contábamos con perder el bus, tener que esperar más de 20 minutos al siguiente, pasar más de 45 de viaje, y luego, otro cuarto de hora andando desde la parada hasta el piso. Total, que nos plantamos en nuestro destino a las 2:30, justo 5 minutos antes de que Paolo, mi compañero italiano, llegara del mismo lugar, del que había salido cuando le habían echado, y cogiendo un taxi, había realizado un trayecto de 15 minutos. Ni que decir, que me dieron ganas de tirarme por la ventana, pero iba a ser poco efectivo, pues vivir en un primero te priva de este tipo de privilegios.

Así que el Viernes, con eso de que tengo clase de 9 de la mañana hasta 9 de la noche, fue algo cansado. Aunque pude disfrutar de una agradable charla con Roland, mi compañero holandés, durante más de una hora, al atardecer, una tarde de compras, pues necesito ropa de verano urgentemente, pues ir a Fiji con pantalones largos y chaqueta es algo ridículo, e hincharme a galletas de chocolate con Diogo, mi compañero brasileño, pues está un poco depre y necesita animarse. Cuando llegué a casa, nuestra noche consistió en noche de chicas. María, mi compañera chilena decidió que íbamos a usar su cera para depilarnos el bigote. Fue una experiencia de lo más graciosa, pues Kristin nunca se había depilado el bigote, y tampoco había usado cera caliente. Así que los gritos eran bastante curiosos...

El caso es que el Sábado me levanté a las 8 para poder llamar a Bea y felicitarle su 22 cumpleaños. Salí a la terraza para poder hablar con comodidad... Y me di cuenta de que era pleno verano. De pronto, el sol te saludaba con un cálido "buenos días", y la templada brisa que te acariciaba el cuerpo te invitaba a no volver a entrar en casa. Y parece que no era la única que pensaba así, pues Arthie, mi compañero californiano, me propuso irnos a la playa en ese mismo momento. Y sin ninguna objeción, me puse el bikini, y a las 9:30 nos dirigimos a Bondi Beach. Primero aproveché para comprarme una toalla de playa y crema solar, y después, recogiendo a Diogo, aparecimos en la playa... Primer día de buen tiempo, y no cabía un alma. Me dediqué a pasear toda la orilla sintiendo una agua que aun helaba los pies, pero que era de lo más agradable. Al rato, llegó Line, mi compañera de habitación, danesa, y le pedí que me acompañara en un fugaz baño, pero finalmente, solo yo tuve el valor de lanzarme. Fría es poco.
Nuestra idea en un principio consistía en ir a comer a casa, pues además teníamos que estudiar. Pero se estaba tan bien, que llamamos a Paolo y le dijimos que nos trajera todo el pan que encontrara por casa, el embutido y la lechuga. Y así, nos hicimos unos sandwiches crujientes que nos supieron a gloria. Y allí tirados nos quedamos el resto del día. Cuando Roland decidió que era hora de levantarse (debía ser la 1), se unió a nosotros, con zambullida incluida.

El viento arreciaba, así que nos volvimos a casa. Pero antes, hicimos una parada en la pizzería a merendar. El piso era como un horno a nuestra llegada. Y hablando de hornos, no sé cómo llegamos al punto de que esa noche no queríamos salir, que queríamos hacer noche de películas... Pero no de películas cualquiera. Alquilamos El Señor de los Anillos al completo, dispuestos a hacer maratón. Con palomitas y vino, empezamos a las 9:30 nuestra andadura, Roland, Line, Arthie y yo. Line nos abandonó antes del final de la primera, a eso de las 12. Arthie no pudo aguantar más que el breve comienzo de la segunda, y a la 1:30 se fue a dormir. Y Roland y yo, los más frikis sin ninguna duda, planeamos ver solo una pequeña parte de la 2ª, pues un día de playa destroza a cualquiera. Cuando decidió abandonarme a las 4:20, solo quedaban 10 minutos para el final. Al acabar, regresaron de su noche loca Paolo y Diogo, borrachos como cubas. Menos mal que aun estaba en pie, pues si no, los podríamos haber encontrado en los sofás plácidamente roncando a la mañana siguiente.

La mañana siguiente comenzó en mi caso a las 11:30. En el caso de los fiesteros y de Roland, a la 1. Paolo se levantó con ganas de El Retorno del Rey, pero Roland y yo acordamos que lo mejor era verla por la noche, que íbamos a hacer prácticas. Según me senté delante del ordenador, llegó pidiendo una sola hora de película. Y otra vez, a las 16:30, finalizamos nuestra maratón. Orgullosos de nuestra hazaña, ya estamos planeando la siguiente maratón de Star Wars. Pero esta, tendrá que esperar a que vuelva de mis vacaciones en Fiji.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Miedos


Iba a haber escrito una entrada sobre mi universidad, o sobre cómo llegue al piso de Bondi Beach, y cómo se vive allí, historias todas bastante curiosas y divertidas. Pero hoy no me siento ni curiosa ni divertida. Llevo varios días sintiéndome otra vez enfadada con el mundo. Y en especial, mi enfado se traslada al mundo confinado en su mayoría en España. Y ya podreis imaginar lo que me pasa. Siempre que tengo un miedo, o una tristeza o un dolor, lo camuflo inconscientemente en un cabreo, para no tener que lidiar con la pena y no tener que contar nada a nadie. Pero ahora estoy muy lejos, y escribir este blog es como hablarle a mi yo interior, con lo que en el fondo, simplemente estoy pensando en alto.

Pero es verdad, tengo miedo. No es un miedo que te hiele los huesos. Son pequeños pensamientos que se van colando en tu cabeza sin que te des cuenta, y llega un momento en el que son residentes habituales de tu día a día. Empezaron aquel día que escribes un mensaje, o un mail, y no recibes respuesta. Y pasa otro día, y sigues sin saber nada de nadie. Y te dices a ti misma, "es normal, la gente tiene muchas cosas que hacer, no pueden estar pendiente de ti todo el día". Y empiezas a pensar, que eres tú la que te acuerdas de tus amigos, porque eres la que te has alejado, pero que ellos, tienen muchos más entretenimientos en sus vidas como para acordarse de una pesada habitante del otro lado del mundo. Y poco a poco, empiezan a olvidarte. También es normal, pues ya llevo dos meses perdida por el hemisferio sur. Pero tengo ahora mismo mucho miedo de que, salvo en mi casa, a la gente haya dejado de importarle. Y me parecería fatal que en solo dos meses, hayan olvidado años de amistad. Por eso me cabreo, mucho... Y me alejo. Siempre hago lo mismo, nadie se da cuenta. Y ese es mi gran problema con las relaciones humanas. Soy una ignorante de la amistad. Y soy yo misma la que me limito. Soy incapaz de confiar en nadie, de pensar que puede que haya gente que me quiera... Lo dudo mucho, la verdad, y me cabrea pensar en los demás cuando estos no piensan en mí. Me digo a mí misma "eres una tonta, estás perdiendo el tiempo", y la propia inseguridad te hace alejarte.

El mayor problema es que esta vez, me he alejado demasiado. Casi 20000 Km. Y esto está empezando a gustarme. Y la gente puede vivir sus vidas sin mí. Y si en 2 meses estoy así, no quiero ni pensar que va a pasar en 13... Quedarme aquí no es una posibilidad, pero tengo verdadero pánico a que si lo hago, esté mejor aquí sola, que en España "acompañada". Algo que tengo bastante seguro en este mismo instante, es que si mi familia decide venirse aquí, me quedo, porque todos íbamos a estar tan contentos: mi familia junta, y mis amigos sin enterarse.

Ya sé que puede que no sea así, y sé que hay personas que sí que me tienen en sus pensamientos, aunque sea una vez a la semana, pero estos son mis sentimientos. Y no son culpa más que mía. Nadie está aquí para escucharme, para estar conmigo, incluso para darme una torta y hacerme volver a la realidad. No, estoy completamente sola, sola con mis propias ideas, y eso es demasiado peligroso. Por eso necesito de vez en cuando contacto humano, para salir al exterior y respirar verdadero aire limpio, no el viciado aire de mi mundo. Y nadie va a dar un solo paso para hacerlo por mí. Debería aprender a liberarme por mí misma, pero entonces, voy a ser lo suficientemente independiente como para quedarme...

Paranoias.

sábado, 6 de septiembre de 2008

¿Sabías que... IV

Canberra es la capital de Australia por la rivalidad que existe entre Sydney y Melbourne?

Las dos eran tan importantes que se disputaban ser la capital. Por eso, eligieron un lugar intermedio entre ellas.

martes, 2 de septiembre de 2008

Moverse por la ciudad

Primero, una pequeña introducción sobre el transporte público en Sydney. Existen tres grandes redes con las que te puedes desplazar: CityRail (también llamado en español red de trenes), Sydney Buses (una red de autobuses cualquiera) y Sydney Ferries (para moverte por la bahía, lo mejor son los ferrys). Aquí es caro todo, así que también lo es el transporte público. Como en toda grande ciudad, existen distintas zonas, con distintos precios, dependiendo de la distancia al centro. La zona roja es la de Sydney tal y como se conoce, así como la playa más famosa, Bondi Beach, lugar de mi residencia habitual y parte de la zona norte, donde se encontraba Greenwich Village. La zona verde incluye Manly Beach, la otra gran playa de Sydney, así como Parramatta, un pueblo en las afueras y el estadio olímpico. Se puede comprar un abono combinado para coger cualquiera de las tres redes en la zona deseada, exactamente igual que en Madrid. Salvo que aquí el abono es semanal (como casi todo), y que el precio para la zona roja, la más pequeña, es $35 (unos 21€). ¡Pero tranquilos todos! Aquellos estudiantes con una beca, que sean de intercambio, tenemos un descuento del 50%, con lo que tampoco nos resulta tan disparatado el precio.

Ahora, comentar un poco cada una de los tres medios. En primer lugar, el más usado, el tren. Posiblemente el lugar más sucio de todo Australia pueda encontrarse dentro de uno de estos vagones. Con eso de que no hay ni una sola basura en toda la estación, dentro de los trenes puedes colocarte en un asiento en el cual, tu compañera sea una cáscara de plátano, por poner un ejemplo. Y la decoración no ayuda, pues todos los artistas urbanos han decidido al unísono, dejar su rubrica en las paredes, asientos, techos, ventanas. Y algún honrado trabajador ha decido que ese arte no va con él, e intentando borrar lo escrito, lo único que ha conseguido ha sido dejar nubes borrosas de colores sin definir por todas partes. Es bastante tétrico, parece que te encuentras en las mismísimas Cuevas de Altamira.
La mayoría de los trenes tienen asientos abatibles. Esto te sirve para varias cosas. En primer lugar, si te mareas viajando de espaldas, cambias la dirección de los asientos y listo. En segundo lugar, si la persona que te toca enfrente no te gusta, cambias de vista. La gente es muy antisocial.
Y por último, un dato curioso, con el que aun me cuesta lidiar: las puertas de los trenes tienen dos sonidos, uno cuando abren y otro cuando cierran. Al abrir, suena como cuando el Metro cierra, y cuando cierran, suenan como las del Cercanías. Con lo cual, si oyes las puertas abrirse, corres a que no se te escape el tren, y quedas como una estúpida, de carrera por la estación para llegar a un vehículo que aun va a estar parado durante un rato.

De los ferrys qué decir... Tienes la opción de ir dentro del mismo, o en la cubierta, sintiendo el gélido aire en tu cara, disfrutando de una vista increíble a tu alrededor, en un agua completamente azul, rodeada de edificios de lo más modernos, disfrutando del Sydney de las postales. Un paseo rápido, cómodo y muy agradable. Una pena que no te puedas mover por toda la ciudad en ferry, porque sería un gusto.

Los autobuses son como los de Madrid, salvo por el factor peligro comentado en el post anterior. Otra cosa curiosa es que nadie respeta las colas, y o estás atento, o te quedas sin sitio. Y esto te puede pasar tanto en el autobús como en el baño o en cualquier otro sitio. Guardar las colas es algo que no va con la gente que camina cabeza abajo.
Por la noche, algunos autobuses mantienen su itinerario hasta la mañana siguiente, otros paran, y otros hacen las veces de búho. El que me lleva a casa es el 386/387. Y ese, no tiene servicio nocturno. La última noche de viernes que estuvieron en Sydney Fabiola y Estefanía, fuimos a un restaurante japonés con un tren de sushi, y después, fuimos a disfrutar de la lluvia en el Opera House, por última vez para ellas. Después nos despedimos en el tren. Y yo, me volví sola a Bondi Junction, donde debo coger el bus. Mi mala suerte hizo que nada más llegar, el último bus, que pasa a las 12:15 se hubiera ido. Pero la suerte no me había abandonado del todo, y algo quiso que en ese momento, llegara a una plataforma más abajo el último 389, que no me queda muy lejos de casa. Claro, que lloviendo y de noche, no tenía muy claro donde debía bajarme. Y apelando a la legendaria amabilidad de los conductores de autobuses (que en a veces, hasta te explican como debes saludar en inglés en cada ocasión), le pedí que me avisara cuando estuviera en Murriverie Road, donde queda mi piso. Con lo que yo no contaba, era con que esa calle tenía tres paradas. Y no sabiendo qué decirle, una señora intentó ayudarme a decidir. Creo que entre los dos, acabaron decidiendo que yo era demasiado absurda como para dejarme en medio de la nada sin saber a donde ir, y como era el último autobús de la línea, el hombre más amable del mundo me dijo que me quedara hasta el final, y luego me llevaba a mi casa. Y así lo hizo. En la última parada pidió a todo el mundo que se bajara, pero a mí me dijo "tú tranquila, tú puedes quedarte". Y gracias a las pobres indicaciones que le había proporcionado momentos antes, supo conducirme sana y salva hasta la puerta del piso a la 1 de la mañana. Aun sigue pareciéndome inaudito, y si alguien me lo contara, no me lo creería. Pero Sydney es así.