Ahora, comentar un poco cada una de los tres medios. En primer lugar, el más usado, el tren. Posiblemente el lugar más sucio de todo Australia pueda encontrarse dentro de uno de estos vagones. Con eso de que no hay ni una sola basura en toda la estación, dentro de los trenes puedes colocarte en un asiento en el cual, tu compañera sea una cáscara de plátano, por poner un ejemplo. Y la d
ecoración no ayuda, pues todos los artistas urbanos han decidido al unísono, dejar su rubrica en las paredes, asientos, techos, ventanas. Y algún honrado trabajador ha decido que ese arte no va con él, e intentando borrar lo escrito, lo único que ha conseguido ha sido dejar nubes borrosas de colores sin definir por todas partes. Es bastante tétrico, parece que te encuentras en las mismísimas Cuevas de Altamira.
La mayoría de los trenes tienen asientos abatibles. Esto te sirve para varias cosas. En primer lugar, si te mareas viajando de espaldas, cambias la dirección de los asientos y listo. En segundo lugar, si la persona que te toca enfrente no te gusta, cambias de vista. La gente es muy antisocial.
Y por último, un dato curioso, con el que aun me cuesta lidiar: las puertas de los trenes tienen dos sonidos, uno cuando abren y otro cuando cierran. Al abrir, suena como cuando el Metro cierra, y cuando cierran, suenan como las del Cercanías. Con lo cual, si oyes las puertas abrirse, corres a que no se te escape el tren, y quedas como una estúpida, de carrera por la estación para llegar a un vehículo que aun va a estar parado durante un rato.
De los ferrys qué decir... Tienes la opción de ir dentro del mismo, o en la cubierta, sintiendo el gélido aire en tu cara, disfrutando de una vista increíble a tu alrededor, en un agua completamente azul, rodeada de edificios de lo más modernos, disfrutando del Sydney de las postales. Un paseo rápido, cómodo y muy agradable. Una pena que no te puedas mover por toda la ciudad en ferry, porque sería un gusto.
Los autobuses son como los de Madrid, salvo por el factor peligro comentado en el post anterior. Otra cosa curiosa es que nadie respeta las colas, y o estás atento, o te quedas sin sitio. Y esto te puede pasar tanto en el autobús como en el baño o en cualquier otro sitio. Guardar las colas es algo que no va con la gente que camina cabeza abajo.
Por la noche, algunos autobuses mantienen su itinerario hasta la mañana siguiente, otros paran, y otros hacen las veces de búho. El que me lleva a casa es el 386/387. Y ese, no tiene servicio nocturno. La última noche de viernes que estuvieron en Sydney Fabiola y Estefanía, fuimos a un restaurante japonés con un tren de sushi, y después, fuimos a disfrutar de la lluvia en el Opera House, por última vez para ellas. Después nos despedimos en el tren. Y yo, me volví sola a Bondi Junction, donde debo coger el bus. Mi mala suerte hizo que nada más llegar, el último bus, que pasa a las 12:15 se hubiera ido. Pero la suerte no me había abandonado del todo, y algo quiso que en ese momento, llegara a una plataforma más abajo el último 389, que no me queda muy lejos de casa. Claro, que lloviendo y de noche, no tenía muy claro donde debía bajarme. Y apelando a la legendaria amabilidad de los conductores de autobuses (que en a veces, hasta te explican como debes saludar en inglés en cada ocasión), le pedí que me avisara cuando estuviera en Murriverie Road, donde queda mi piso. Con lo que yo no contaba, era con que esa calle tenía tres paradas. Y no sabiendo qué decirle, una señora intentó ayudarme a decidir. Creo que entre los dos, acabaron decidiendo que yo era demasiado absurda como para dejarme en medio de la nada sin saber a donde ir, y como era el último autobús de la línea, el hombre más amable del mundo me dijo que me quedara hasta el final, y luego me llevaba a mi casa. Y así lo hizo. En la última parada pidió a todo el mundo que se bajara, pero a mí me dijo "tú tranquila, tú puedes quedarte". Y gracias a las pobres indicaciones que le había proporcionado momentos antes, supo conducirme sana y salva hasta la puerta del piso a la 1 de la mañana. Aun sigue pareciéndome inaudito, y si alguien me lo contara, no me lo creería. Pero Sydney es así.
La mayoría de los trenes tienen asientos abatibles. Esto te sirve para varias cosas. En primer lugar, si te mareas viajando de espaldas, cambias la dirección de los asientos y listo. En segundo lugar, si la persona que te toca enfrente no te gusta, cambias de vista. La gente es muy antisocial.
Y por último, un dato curioso, con el que aun me cuesta lidiar: las puertas de los trenes tienen dos sonidos, uno cuando abren y otro cuando cierran. Al abrir, suena como cuando el Metro cierra, y cuando cierran, suenan como las del Cercanías. Con lo cual, si oyes las puertas abrirse, corres a que no se te escape el tren, y quedas como una estúpida, de carrera por la estación para llegar a un vehículo que aun va a estar parado durante un rato.
Los autobuses son como los de Madrid, salvo por el factor peligro comentado en el post anterior. Otra cosa curiosa es que nadie respeta las colas, y o estás atento, o te quedas sin sitio. Y esto te puede pasar tanto en el autobús como en el baño o en cualquier otro sitio. Guardar las colas es algo que no va con la gente que camina cabeza abajo.
Por la noche, algunos autobuses mantienen su itinerario hasta la mañana siguiente, otros paran, y otros hacen las veces de búho. El que me lleva a casa es el 386/387. Y ese, no tiene servicio nocturno. La última noche de viernes que estuvieron en Sydney Fabiola y Estefanía, fuimos a un restaurante japonés con un tren de sushi, y después, fuimos a disfrutar de la lluvia en el Opera House, por última vez para ellas. Después nos despedimos en el tren. Y yo, me volví sola a Bondi Junction, donde debo coger el bus. Mi mala suerte hizo que nada más llegar, el último bus, que pasa a las 12:15 se hubiera ido. Pero la suerte no me había abandonado del todo, y algo quiso que en ese momento, llegara a una plataforma más abajo el último 389, que no me queda muy lejos de casa. Claro, que lloviendo y de noche, no tenía muy claro donde debía bajarme. Y apelando a la legendaria amabilidad de los conductores de autobuses (que en a veces, hasta te explican como debes saludar en inglés en cada ocasión), le pedí que me avisara cuando estuviera en Murriverie Road, donde queda mi piso. Con lo que yo no contaba, era con que esa calle tenía tres paradas. Y no sabiendo qué decirle, una señora intentó ayudarme a decidir. Creo que entre los dos, acabaron decidiendo que yo era demasiado absurda como para dejarme en medio de la nada sin saber a donde ir, y como era el último autobús de la línea, el hombre más amable del mundo me dijo que me quedara hasta el final, y luego me llevaba a mi casa. Y así lo hizo. En la última parada pidió a todo el mundo que se bajara, pero a mí me dijo "tú tranquila, tú puedes quedarte". Y gracias a las pobres indicaciones que le había proporcionado momentos antes, supo conducirme sana y salva hasta la puerta del piso a la 1 de la mañana. Aun sigue pareciéndome inaudito, y si alguien me lo contara, no me lo creería. Pero Sydney es así.
7 comentarios:
Lo del cambio de dirección de marcha en el asiento del tren, que es antiguo, viene bien para cuando se va en pareja que puedes ir hablando,
Lo de las colas no me lo puedo explicar porque es la costumbre más típica inglesa queueing. Dónde se puede hacer una cola que me pongo. Esto lo habrán cogido de los chinos que son los que entran en pelotón.
See you.
Me ha hecho mucha ilusión que hables sobre el transporte allí :D
Tú no lo sabes, pero por la crisis han hecho una subida extra del Abono de Transportes de 2€ en el mes de agosto. Y nosotros quejándonos de que 51€ mensuales son muchos...
Un art'iculo genial Silvana!
Yo no suelo usar los autobuses todos los d'ias, porque vivo derca de la uni. Por cierto! Qu'e gente m'as maja te encuentras en los autobuses! Qu'e suerte que te llevaran a casa ;)
PS: P'asalo bien en Fidji!!!
Juanmita, 51e es muy caro... Normal que te quejes!
Que fuerte las crisis... Gracias por las informaciones!
Y si, creo que la costumbre viene de los chinos, que son los peores en los retretes...
Aún no me hago a la idea de dos sonidos para el metro, yo creo que no me adaptaría en la vida o algo.
Aquí en París el abono básico (Carte Orange) está a 55€, para zonas 1 y 2, y sube a 72 hasta la 3. Pero hay un abono para estudiantes, el Imagine R, que aparte de tropecientos descuentos cuesta... 30€ al mes :P
Que majo el conductor!!!!!!! Es lo que tiene poseer pechos!!! Yo hubiese muerto bajo un puente comido por las palomas... Es lo que tiene poseer pene! jajjajaja
Joe con conductores asi mola viajar, para que coger un taxi jeje.
Lo del tren tiene que molar y todo, pero creo que no soy capaz de acerme a la idea del todo lo de cambiar las posiciones.
PD: estoy con dani y su teoria de los pechos jajaja
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