martes, 12 de agosto de 2008

Llegada a Australia 4: Aduana y taxi

Fuera del avión iba yo preocupada por lo que me fueran a decir en la aduana.

Me hicieron rellenar una tarjeta de desembarque antes de aterrizar en Sydney, en la que te preguntaban desde tu residencia en Sydney, hasta si estabas involucrada en algún tipo de crimen contra la humanidad... ¿Quién va a responder a esa pregunta con un sí, por mucho que sea verdad? La primera pregunta que había que contestar con sí o no, era: "¿Lleva armas, drogas o medicinas?". Yo respondí que sí, pero claro, no se sabía a cuál de las tres. Y como se pusieran tontos, como me hicieran abrir la maleta y tirar todos mis antihistamínicos...

Antes de coger la maleta, tuve que enseñar mi tarjeta y mi pasaporte en la ventanilla llamada "otros países", ya que había ventanilla para los australianos, neozelandeses y asiáticos, creo. El resto, eran "otros países". Para mi sorpresa, lo único que me preguntaron era en que barrio se encontraba mi residencia. Nada sobre armas de destrucción masiva, drogas destruye-civilizaciones o la terrible tuberculosis. Me dejaron pasar sin más.

Con un carrito en mano, me dispuse a encontrar mis dos maletas: La bolsa de viaje chiquitina, envuelta en cientos de metro de papel de film transparente, pero de color verde (zurullo espacial lo llamaba mi familia), y la gigantesca maleta Samsonite roja, también verde por el envoltorio. Pero no era tan fácil llegar hasta la cinta. Aquello estaba lleno de personas dispuestas a dar su vida por su maleta. Yo no iba a ser menos, pero debía andar con ojo, pues no quería que mi ordenador estuviera sin vigilar.

Me estaba poniendo muy nerviosa. ¿Y si mis maletas se habían quedado en Londres? ¿Y si las había cogido alguien? ¿Cómo iba a coger yo sola la más grande de las dos? En estas estaba cuando apareció el zurullo espacial, y empecé a tranquilizarme. Al menos, en ella estaba el abrigo. La cogí, no sin problemas para acercarme a la cinta, que estaba abarrotada de gente mirando al infinito. Pero de la otra no sabía aun nada.

Estuve un buen rato allí, mordiéndome las uñas, cuando salió por el otro lado. Iba a acercarme a por ella, cuando pasó a mi lado un hombre con una perra encantadora, que iba olfateando los equipajes en busca de comida. Y la muy **** se paró al lado de mi equipaje de mano. El hombre empezó a abrirme la bolsa en busca de comida. Me preguntó si llevaba algo del avión, y le dije que sí, pero no le bastó. Siguió revolviendo hasta que encontró un bocata de salchichón que me había hecho mi madre para que tomara al salir en Singapur, pero con el cuerpo que tenía, no pude ni pensar en él. Había decidido tomarlo para cenar, pero en ese momento, no me acordaba de él. El maldito australiano, lo cogió, le dio un premio a la perrilla, puso una marca roja en mi tarjeta de desembarque y sin decir nada, se fue con mi comida, para tirarla a la basura. Y allí me dejo, compuesta y sin cena. Miré a ver si al menos, podía coger mi maleta, pero no había rastro de ella.

La desesperación se apoderó de mí. "Bueno", me dije, "estará dando la vuelta por el otro lado. Aparecerá de un momento a otro". Pero no. El tiempo pasaba y del otro lado no salía nada parecido a mi Samsonite. Los segundos se me hicieron eternos. Alguien se la había llevado, seguro. Tuve ganas de salir corriendo a dar vueltas por la cinta, a ver encontraba a la persona que la había cogido sin mi permiso, pero no podía, tenía el resto de mi equipaje. Así que, estresada como estaba, cogí mi carro y con él, me puse a dar vueltas a la cinta. Y nada. Iba llorando cuando, como de la nada, a la mitad de camino, allí estaba, en la cinta. Corrí, embestí a la gente, y como si fuera una pluma, la cogí en volandas y la llevé al carro con el resto de mis pertenencias. Ya estaba todo. No había nada que temer. Todo había salido bien.

Pero aun no había salido. Aun quedaba el registro de maletas. Y yo tenía una marca roja en mi tarjeta y armas o drogas. Me iban a deportar seguro. Llegué, y me preguntaron por la marca roja, y dije que había sido un bocata, pero que ya lo habían tirado. Pasaron mi maleta por los rayos X y entonces... No me dijeron nada más, ni me preguntaron por las medicinas, simplemente, me dejaron ir.

Y por fin estaba en Sydney, pero no había nadie a la salida que me estuviera esperando. Triste, me fui en busca de un taxi. Me monté en el que me mandaron, ya que había una encargada a la puerta del aeropuerto, de gestionar la cola para coger el taxi. Resultó el taxi de un indio al que era imposible entender. Me monté detrás, y él se fue al asiento del copiloto. Y se puso a conducir por el lado erróneo de la carretera. Pensé que iba a morir estampada contra otro coche, pero resultó que todo el mundo conducía al revés. También resultó que el taxista conducía extremadamente mal. Creí que era solo cosa de él, pero todos los australianos conducen fatal.

Le dije que me llevara a la residencia, pero no entendía la dirección (33, Greenwich Road), así que paró en medio de la autopista, y me pidió que me sentara delante y le escribiera el nombre en un papel. Y allí iba yo, en el asiento del conductor, temiendo por mi vida, y tapándome los ojos cada vez que doblábamos una esquina, segura que de frente iba a aparecer el coche que nos iba a matar.

Las preguntas normales de un viaje en taxi, pero sin entendernos entre nosotros (porque el acento indio es imposible, entre otras cosas), "¿De dónde vienes?" "¿Cuánto te quedas?" "¿Conoces a alguien aquí?", las repetíamos una y otra vez. . No debía tener yo muy buena cara, porque cuando pasamos por el Harbour Brigde (el puente este tan famoso de Sydney), me preguntaba "¿Ya estás más contenta? Estás pasando por el puente". Y a mí me daban ganas de darle una paliza, si no fuera porque él llevaba el volante, Y a pesar eso pocas veces le vi mirando a la carretera.

Me presenté el peor día en Sydney. El World Youth Day (el día mundial de la juventud). Allí estaba el Papa, tocándome la moral. ¿Por qué? Por que por su visita, habían cerrado la gran mayoría de calles de la ciudad, y nos tuvimos que dar la vuelta con el taxi, todas las veces. El hombre se perdió y no sabía por dónde ir. Y se agobiaba diciendo que tenía que volver cuanto antes al aeropuerto, porque si no, no iba a hacer mucho dinero. Está muy bien que te digan estas cosas cuando ves el taxímetro subir como la espuma. Al final, decidió meterme por el tunel de peaje, que para mí que solo pagó 5$, pero él me dijo que eran 10$. Yo creo que me timó todo lo que pudo, porque al llegar a la residencia, tuve que pagar... ¡95$! Casi 60€ de carrera. Claro, medio dormida, sin fuerzas por no comer, con ganas de nada... ¿Cómo no aprovecharse? Menudos primeros contactos estaba teniendo con los australianos. Me parecían todos unos cabrones.

En la residencia, a las 20:00 ya no había cena, así que me llevaron a mi habitación, diciendo que mi compañera seguramente no iría a dormir esa noche. Normal, con la de cosas que tenía encima de la cama, a mí también me daría pereza ir allí a dormir, tendría que pasarse un par de horas quitando cosas de encima. Bajé un momento a los ordenadores para dar la noticia de que estaba "bien", que había llegado "sana y salva", y que me iba a la cama.

A las 21:00 me metí en la cama, y dejé a mano una botellita de agua de 33cl para ir bebiendo por la noche e irme rehidratando. Pero el Jet Lag... Esa es otra historia.

5 comentarios:

Gio dijo...

Sil!! Soy Gio!!!

Que ilu q pusieses ese nombre al blog, a ver si cuando tenga algo de tiempo me lo leo. Ahora estoy en tampere (Finlandia). Muchos animos, y pasatelo genial!!!

Besos!

Gio

PD: A ver si me entero del Skype y te llamo ;)

Anónimo dijo...

El perro es muy bonito, se merecía el regalo, la pena es que fuesen tan tontos de no darle el bocata de salchichón al perro, en lugar de tirarlo.

Si te consuela, a Pablo en el viaje a Mexico le requisaron mogollón de ibéricos embasados al vacio que llevaba para la familia de Alejandra. Estos de los aeropuertos...

Besotes.

Anónimo dijo...

awela!!
k tal wapa?¿ya nos avandonó tu hermana para irse a la playa pero bueno pa la peña viene, yo kiero saber mas de tu kompañera, facilitanos una fotos y otra de su novio tremendo ese ehh! venga wapa un besitoo

Anónimo dijo...

Olaa sil! Esto ke aces esta realmente bien, es admirable como consigues expresarte y transmitir todos esos sentimientos, xke no dejas las mates y le das más a esto jeje. Espero ke tus vivencias vayan a mejor poco a poco. Este viaje te va a venir fenómeno ya lo veras :D, mil experiencias para curtir tu vida(malas y maravillosas, de todo tiene ke aver..). En fin cuidate muxo, y sobre todo crece muxo alli!!. Un abrazoo

Anónimo dijo...

Que fuerte lo del perro. Yo no entiendo nada! Es algo común en los viajes trascontinentales???
Bueno, ten en cuenta q el taxista de Sidney no podía ser tan malo como el de Tunez!!!! Eso si era un kamikaze!!!!!
"One loooooooooooooove, one loooooooooooooooooooovvvvvvvvvveee!! Normal normal, la gente cruza con bebes por la autopista..."
jjajajajajaj