A las 8 de la mañana, vino a buscarme mi autobús. Un vehículo verde, que parecía sacado de una película antigua, al cual no le funcionaba el aire acondicionado, y cuyo asientos parecían deshacerse con solo mirarlos. Yo fui la única en ser recogida en Nomads Skylodge, mi albergue. Una chica canadiense y dos ingleses venían directamente desde el aeropuerto, recién llegados a Nadi (que aunque no es la capital de Fiji, pues la capital es Suva, y ni siquiera poder llamarse ciudad, por no tener los suficientes habitantes, es donde se encuentra el aeropuerto internacional). Fuimos recorriendo varios resorts a lo largo de Nadi para recoger al resto de los pasajeros (en total 19) de la Máquina Verde, apodo cariñoso para el autobús del tour de la empresa Feejee Experience que nos iba a llevar durante 4 días alrededor de Viti Levu, la isla principal del archipiélago de Fiji (que está formado por un número de islas alrededor de 322). En el último alojamiento resultó estar Rena Nelson, la chica de Jersey que había conocido el día anterior en el aeropuerto. Se sentó a mi lado, y desde entonces, fuimos poco menos que inseparables.
Nuestra andadura comenzó presentándonos. De entre todos, podíamos contar con una canadiense, una chica de Jersey, una chilena (que nos abandonó al final del primer día y que fue remplazada por un chico de Irlanda), y dos irlandesas. El resto de los pasajeros resultaron ser todos del Reino Unido, con el factor común de que estaban viajando solos o en pareja (ya sea de amigos o de amantes) por todo el mundo, y que llevaban un mínimo de 8 meses en ello. Nuestro guía se llamaba Cam. Llamarlo gay es decir poco. Y el conductor era Willy, un hombre encantador, que conducía muy bien para meternos con ese autobús por caminos de piedras casi intransitables para un coche normal.
Nuestra primera parada fue por supuesto Nadi. Sus calles llenas de tiendas para turistas, en las cuales nos querían meter todos sus empresarios, no son lo más bonito de Fiji. Es una ciudad muy pobre y sucia. Pero tiene un mercado de frutas en el cual puedes encontrar desde piñas limpadas en el momento por 1.5 dolares de Fiji (unos 70 céntimos de Euro), hasta kilos de mangos por unos 40 céntimos de Euro, que comparados con el precio que tienen en Sydney (unos 3 Euros por unidad), la verdad es que alegraban la vista y el gusto. Teníamos un deber muy claro: comprar un sarong. Se trata de un pareo normal, y que teníamos que vestir como falda larga de forma obligatoria para entrar en cualquier poblado del país, tanto mujeres como hombres, pues el la prenda típica para todo el mundo. El mío es verde oscuro con unas flores dibujadas. Ya lo veréis en las fotos. Tras una hora de compras poco fructífera, nos dirigimos a la playa de Natadola. Paradisíaca y maravillosa, con un agua cálida y arena blanca. La única pega que le pongo es le viento de ese día, y que hacía la estancia algo más incómoda de lo deseado. Cam Y Willy nos hicieron una barbacoa en un momento, y a la orilla del Pacífico tropical, pudimos comer salchichas, pollo, bacon, ensalada y multitud de frutas limpias: papaya, piña, plátano verde (pues en Fiji, el plátano que se come es el verde, y el amarillo se usa para cocinar) y sandía.
Nuestra siguiente parada fue el poblado nativo de Malomalo. Tuvimos que ponernos nuestro sarong, una camiseta con mangas, quitarnos las gafas de sol y las gorras, pues en caso contrario, la vestimenta no es respetuosa con los habitantes. Allí dimos una pequeña vuelta y nos metimos en la choza del jefe, por la puerta de los visitantes. Nos contó Cam de las costumbres ancestrales del canibalísmo en las diferentes tribus, y podimos ver a la entrada de la cabaña, un montículo de piedras, usadas para decapitar a los seres humanos que iban a ser comidos. No muy agradable. Pero pudimos aprender mucho, aunque sinceramente, a mí me dio un poquito de miedo, a pesar de que nos aseguró que hacía casi 200 años que no se practicaba el canibalismo. A saber.
Nuestra última parada fue una duna enorme donde pudimos tirarnos con tablas de body-surf. Hacer surf en la arena es bastante gracioso, la verdad.
Finalmente, llegamos a nuestra parada para dormir: Mango Bay Resort. Un lugar increible, a la orilla del océano, apartado de toda civilización, en plena Bahía Coral, completamente rodeado de una frondosa vegetación verde. No tengo palabras para describirlo. Me tumbé en una hamaca en plena noche en la playa, a disfrutar del sonido de las olas. Para cenar pedí Ika Vakalolo, pescado con leche de coco. Magnífico el pescado de Fiji. Más tarde, pude asistir a mi primera carrera de cangrejos. Mi cangrejo, llamado Pepa, compartido con Rena y Pilar, no ganó, como de costumbre. Pero aproveché para coger ranas, e intentar besarlas, a ver si encotraba a mi príncipe azul. No tuve éxito, y eso que ranas me sobraban, pues a cada paso que dabas, saltaban unas 10, sin exagerar.
Dormimos en una habitación compartida por todos. Un dormitorio de unas 30 literas, cada una con su mosquitera. Sin ningún problema, me acosté a eso de las 23:00, exahusta de un día lleno de emociones, y dormí la lluviosa noche entera, pues la gente que me acompañaba era de lo más respetuosa, y la mitad de ellos ya llevaban un buen rato durmiendo cuando yo me metí en la cama. Empecé a usar en ese momento mi repelente de mosquitos tropicales, que ha sido la compra más inteligente que he hecho desde hace mucho. Una sola picadura en todo el viaje, y porque una mañana me olvidé de rociarme, cuando el resto de mis compañeros estaban totalmente comidos.
En "resumen", mi primer día en Fiji fue emocionante, pero no tanto como pudieron ser todos los que siguieron.
Nuestra andadura comenzó presentándonos. De entre todos, podíamos contar con una canadiense, una chica de Jersey, una chilena (que nos abandonó al final del primer día y que fue remplazada por un chico de Irlanda), y dos irlandesas. El resto de los pasajeros resultaron ser todos del Reino Unido, con el factor común de que estaban viajando solos o en pareja (ya sea de amigos o de amantes) por todo el mundo, y que llevaban un mínimo de 8 meses en ello. Nuestro guía se llamaba Cam. Llamarlo gay es decir poco. Y el conductor era Willy, un hombre encantador, que conducía muy bien para meternos con ese autobús por caminos de piedras casi intransitables para un coche normal.
Nuestra primera parada fue por supuesto Nadi. Sus calles llenas de tiendas para turistas, en las cuales nos querían meter todos sus empresarios, no son lo más bonito de Fiji. Es una ciudad muy pobre y sucia. Pero tiene un mercado de frutas en el cual puedes encontrar desde piñas limpadas en el momento por 1.5 dolares de Fiji (unos 70 céntimos de Euro), hasta kilos de mangos por unos 40 céntimos de Euro, que comparados con el precio que tienen en Sydney (unos 3 Euros por unidad), la verdad es que alegraban la vista y el gusto. Teníamos un deber muy claro: comprar un sarong. Se trata de un pareo normal, y que teníamos que vestir como falda larga de forma obligatoria para entrar en cualquier poblado del país, tanto mujeres como hombres, pues el la prenda típica para todo el mundo. El mío es verde oscuro con unas flores dibujadas. Ya lo veréis en las fotos. Tras una hora de compras poco fructífera, nos dirigimos a la playa de Natadola. Paradisíaca y maravillosa, con un agua cálida y arena blanca. La única pega que le pongo es le viento de ese día, y que hacía la estancia algo más incómoda de lo deseado. Cam Y Willy nos hicieron una barbacoa en un momento, y a la orilla del Pacífico tropical, pudimos comer salchichas, pollo, bacon, ensalada y multitud de frutas limpias: papaya, piña, plátano verde (pues en Fiji, el plátano que se come es el verde, y el amarillo se usa para cocinar) y sandía.
Nuestra siguiente parada fue el poblado nativo de Malomalo. Tuvimos que ponernos nuestro sarong, una camiseta con mangas, quitarnos las gafas de sol y las gorras, pues en caso contrario, la vestimenta no es respetuosa con los habitantes. Allí dimos una pequeña vuelta y nos metimos en la choza del jefe, por la puerta de los visitantes. Nos contó Cam de las costumbres ancestrales del canibalísmo en las diferentes tribus, y podimos ver a la entrada de la cabaña, un montículo de piedras, usadas para decapitar a los seres humanos que iban a ser comidos. No muy agradable. Pero pudimos aprender mucho, aunque sinceramente, a mí me dio un poquito de miedo, a pesar de que nos aseguró que hacía casi 200 años que no se practicaba el canibalismo. A saber.
Nuestra última parada fue una duna enorme donde pudimos tirarnos con tablas de body-surf. Hacer surf en la arena es bastante gracioso, la verdad.
Finalmente, llegamos a nuestra parada para dormir: Mango Bay Resort. Un lugar increible, a la orilla del océano, apartado de toda civilización, en plena Bahía Coral, completamente rodeado de una frondosa vegetación verde. No tengo palabras para describirlo. Me tumbé en una hamaca en plena noche en la playa, a disfrutar del sonido de las olas. Para cenar pedí Ika Vakalolo, pescado con leche de coco. Magnífico el pescado de Fiji. Más tarde, pude asistir a mi primera carrera de cangrejos. Mi cangrejo, llamado Pepa, compartido con Rena y Pilar, no ganó, como de costumbre. Pero aproveché para coger ranas, e intentar besarlas, a ver si encotraba a mi príncipe azul. No tuve éxito, y eso que ranas me sobraban, pues a cada paso que dabas, saltaban unas 10, sin exagerar.
Dormimos en una habitación compartida por todos. Un dormitorio de unas 30 literas, cada una con su mosquitera. Sin ningún problema, me acosté a eso de las 23:00, exahusta de un día lleno de emociones, y dormí la lluviosa noche entera, pues la gente que me acompañaba era de lo más respetuosa, y la mitad de ellos ya llevaban un buen rato durmiendo cuando yo me metí en la cama. Empecé a usar en ese momento mi repelente de mosquitos tropicales, que ha sido la compra más inteligente que he hecho desde hace mucho. Una sola picadura en todo el viaje, y porque una mañana me olvidé de rociarme, cuando el resto de mis compañeros estaban totalmente comidos.
En "resumen", mi primer día en Fiji fue emocionante, pero no tanto como pudieron ser todos los que siguieron.
8 comentarios:
Leo todo esto y vamos, que lo de bailar el hula-hula se te quedó ya bastante corto... xD
pero q guay todo!!! y besastes muxas ranas, no se te empezaron a dilatar las pupilas??jajajaja q xulo!!habia más animalitos raros sil???
el cmentatio de antes es mio (altea sq soy un poco retrasada sil ya saes)
Que bien pinta esto Sil!Y que emocionante!Date prisa en ir dandonos las demás entradas XD (por cierto con cada entrada cada vez escribes mejor, al final te van a publicar el blog y todo XD)
Joder, qué envidia me das Silvi.
La verdad es que todo está chulísimo por allí, y la verdad es que son raros los habitantes del hemisferio sur, que se tiran el día organizando carreras de animales, XD.
Un día organízales una corrida de ranas, y les haces unos pases, el "salto de la rana" y movidas de esas, ja, ja, ja.
Un besote
hola sil!!! jobar te lo debees haber pasado genial!!!
jaaj y lo de besar las ranas veras komo encuentras a tu principe azul pronto .
x ciertoo me han gustado muxo las fts y sobretodo las k tienes del mar debe ser... precioso, me das envidia eh!!!
jaja bueno muxaxa a ver si escribes mas y nos cuentas todo lo de mas .
bestitosos tkmmm cuidateeeeee
tener envidia es poco maldita!! :P
buf, tiene que ser alucinante todo por allí, qué pinta madre mía!! al menos me has recordado que yo aún tengo que contar mis InterRailes, pero me espero a que acabes con Fiji jeje.
nada de pajas en las listeras los días posteriores?? :P
pero bueno, por que hacen carreras de todo?? a ver si ganas alguna...
vamos a votar tu blog al más visitado de 20 minutos, aunque no sea de 20 minutos :D
besitos!
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