La mañana volvió a amanecer nublada. Desayuné en la terraza del comedor, a la vista del lago, con Rena, Ross y Willy. Nos entretuvimos un buen rato dando de comer a los peces. Les echábamos pan de molde, y esperábamos a que el más grandes de todos subiera a la superficie a comer. Cuando veías a todos los pequeños huyendo despavoridos, podías apreciar una sombra de más de un metro de largo acercándose con lentitud, para poco después, volver a desaparecer en las profundidades.
Nuestro tour nos llevó a comprar algo para comer, y algo para los niños que íbamos a visitar ese día. Pues era el día "cultural". Nos llevarían a una escuela primaria, a que apreciáramos cómo son educados el futuro de Fiji, y nos dieron la oportunidad de llevarles regalos. Por menos de 2€, les llevé cuadernillos de trabajo, lápices y ceras de colores, sacapuntas y gomas de borrar. Otros compraron algunos juguetes y caramelos. Juntamos una cantidad considerable.
Pero esa no era nuestra primera parada. Nos vestimos con nuestro sarong, una camiseta de manga corta y nos quitamos gorras y gafas de sol. Nos adentramos en un bosque cerrado, por un camino de tierra (nuestro autobús todoterreno no tenía miedo a nada) y en medio de una montaña, alejado de toda civilización, encontramos el poblado que íbamos a visitar. El jefe de la aldea nos acogió en su casa. Y allí, pudimos vivir una verdadera ceremonia Kava. Dejadme explicar primero qué es el Kava, para después, contar en qué consiste la ceremonia.
Kava, la bebida típica de Fiji. Se trata de una raíz hecha polvo, la cual, con una bolsa de trapo, como si de té se tratara, se mezcla con agua fría. A la vista, parece agua sucia, y curiosamente, su sabor es como de agua sucia. Sin embargo, es muy popular en las islas, y todo el mundo la bebe. ¿Por qué? Básicamente, pos sus efectos. La primera vez que la bebes, puedes notar que la lengua se te duerme. Si sigues bebiendo, los efectos se multiplican, y puedes, desde dejar de sentir la mitad de tu cara, a no poder andar, y hasta caer dormido mientras estás hablando. Situaciones de borrachera muy cómicas, pero si una pizca de alcohol.
La ceremonia comenzaba con nuestro jefe del poblado (Ben) y nuestro "orador" oficial (Ross), presentando nuestro regalo al jefe de la aldea, una raíz de Kava. En Fiji, lo que el dinero no puede, el Kava lo consigue. Los hombres entraron primero y se sentaron en círculo alrededor del bol para la mezcla. Las mujeres tuvimos que entrar después, y sentarnos detrás. Ellos, deben sentarse con las piernas cruzadas, mientras que nosotras debemos colocarlas a un lado. Y en esta postura, esperar sin movernos hasta que termine. Entonces, el jefe empieza a hablar, pero no os puedo asegurar lo que cuenta, pues habla en la lengua de Fiji. Después, empieza la mezcla del Kava. Entonan algún tipo de oración para que el Espíritu bendiga la bebida, y después, dan palmas tres veces. Y entonces, empiezan a repartir en pequeños cuencos hechos con cáscara de coco el brebaje recién mezclado. Empezando por nuestro jefe, este tiene que dar una palmada, decir salud (ya explicaré algunas palabras en la lengua de Fiji), beber todo lo ofrecido de un trago, devolver el bol, y dar tres palmadas mientras se da las gracias. Y este rito debe ser repetido por todo el mundo. Cuando todos han tenido su ración, se comunica que hemos sido aceptados en la aldea. Las mujeres, son separadas del grupo, y se nos enseña cómo hacer brazaletes de madera de palmera, mientras los hombres siguen bebiendo y hablando con los hombres del poblado. Sinceramente, prefiero los brazaletes.
También nos sacaron tarta recién hecha, y pudimos pasar un gran rato con aquella maravillosa gente. Para terminar la ceremonia, tuvimos que regresar a nuestros sitios, beber otro trago y dar las gracias. Y eso fue todo. Nuestro orador oficial había bebido aproximadamente 15 copas, así que le costaba un poco coordinar sus movimientos. En el autobús, disfrutó de una reparadora siesta.
Nuestra siguiente parada se suponía que iba a ser un río, en el que íbamos a poder hacer rafting, pero llovía bastante, el agua estaba muy turbia y podía llegar a haber peligro de una posible riada, con lo que esta actividad nos la saltamos. No me importó demasiado, porque la verdad es que tenía un poco de frío y no me apetecía volver a pasar lo del día anterior. Con lo que nos dirigimos directamente a la escuela.
Al ver llegar el autobús, los niños se pusieron como locos. Estaban realmente emocionados de vernos, porque significaba que iban a recibir algún tipo de regalo. Los colegios que visita el tour van cambiando, con lo que se regresa al mismo aproximadamente cada 3 semanas. Así que estaban muy excitados. Entramos en cada una de las clases, y los profesores nos contaron cómo enseñan, y cómo son los niños. Algunos viven en poblados muy lejos, y han de levantarse a las 6 de la mañana para después, caminar durante 12 kilómetros. Y a veces, sin posibilidad de alcanzar su objetivo, pues el río se ha inundado y no pueden pasar. Las clases son en inglés, ya que es el idioma oficial de las islas, a pesar de que estos niños solo saben hablar el dialecto de su aldea, con lo que hace el aprendizaje algo complicado. Tras las explicaciones, todos nos cantaban alguna canción. Los más mayores también nos hacían preguntas. Tuvimos que decir en 4 clases distintas nuestros nombres, de dónde éramos, el tiempo en nuestros países y en qué trabajábamos. Yo era la única original de España. La mayoría de los demás eran de Inglaterra, lo que lo hacía un poco aburrido. Por esa razón, Ross adoptó una nacionalidad distinta en cada clase, desde americano hasta islandés, para hacerlo más interesante. Lo mejor de todo eran las caras de felicidad de los niños cuando veían que tenían regalos, y les repartían los caramelos. Lo peor, cuando les preguntábamos qué querían ser de mayores, y la mayoría de ellos contestaban que soldados. Entonces veías esa tierna carita sufriendo de dolor en alguna guerra, y a mí, se me partía el corazón. Apartaba la vista cada vez, pues no quería imaginar esa inocencia quebrada por matar a un semejante. Puede que esté exagerando, pero un niño que quiere ser soldado no debería ser algo normal.
Finalmente, nos dirigimos hacia nuestro próximo resort: Volivoli Beach. Lugar paradisíaco donde los haya. Con una playa para ti sola, cogimos un kayak para recorrer la bahía, pues de pronto, había salido el sol y la temperatura era perfecta. Caminé por la arena blanca, adentrándome por un banco que me llevaba hasta el medio del mar, de manera que parecía "Silvana caminando sobre las aguas". Aproveché para coger algunos mangos del árbol que había subiendo a nuestra habitación (de 8 personas, con 2 baños cada una), y finalmente, disfruté de un maravilloso anochecer desde una tumbona en la playa. Una de las visiones más hermosas que he tenido.
La noche se presentó divertida. Nuestro animador, Sasa, nos apuntó a todos para hacer otra carrera de cangrejos. El mío era el número 6, y lo volví a llamar Pepa. Después de conversar un rato con los locales alrededor de un bol de kava (cómo no), se celebró la competición. Los tres primeros en salir del círculo ganarían una bebida gratis. Pepa consiguió el bronce, y yo me hice con un daikiry de margarita. Después, seguimos con otros juegos para pasar la noche. Tras ellos, Sasa nos deleitó con 2 danzas típicas de Fiji. La primera, fue "Lady Marmalade", disfrazado con una minifalda rosa y una peluca rubia. Le segunda, sí que era típica de Fiji, pero normalmente bailada por mujeres, y con otra minifalda y con sombra azul en los ojos. Un poco subrealista, pero tremendamente divertido.
Finalizamos la noche con una hoguera en la playa completamente a oscuras. No aguanté mucho, y me fui a la cama a eso de las 11 y poco. Fue un día más relajado que el resto, pero igualmente agotador.
Nuestro tour nos llevó a comprar algo para comer, y algo para los niños que íbamos a visitar ese día. Pues era el día "cultural". Nos llevarían a una escuela primaria, a que apreciáramos cómo son educados el futuro de Fiji, y nos dieron la oportunidad de llevarles regalos. Por menos de 2€, les llevé cuadernillos de trabajo, lápices y ceras de colores, sacapuntas y gomas de borrar. Otros compraron algunos juguetes y caramelos. Juntamos una cantidad considerable.
Pero esa no era nuestra primera parada. Nos vestimos con nuestro sarong, una camiseta de manga corta y nos quitamos gorras y gafas de sol. Nos adentramos en un bosque cerrado, por un camino de tierra (nuestro autobús todoterreno no tenía miedo a nada) y en medio de una montaña, alejado de toda civilización, encontramos el poblado que íbamos a visitar. El jefe de la aldea nos acogió en su casa. Y allí, pudimos vivir una verdadera ceremonia Kava. Dejadme explicar primero qué es el Kava, para después, contar en qué consiste la ceremonia.
Kava, la bebida típica de Fiji. Se trata de una raíz hecha polvo, la cual, con una bolsa de trapo, como si de té se tratara, se mezcla con agua fría. A la vista, parece agua sucia, y curiosamente, su sabor es como de agua sucia. Sin embargo, es muy popular en las islas, y todo el mundo la bebe. ¿Por qué? Básicamente, pos sus efectos. La primera vez que la bebes, puedes notar que la lengua se te duerme. Si sigues bebiendo, los efectos se multiplican, y puedes, desde dejar de sentir la mitad de tu cara, a no poder andar, y hasta caer dormido mientras estás hablando. Situaciones de borrachera muy cómicas, pero si una pizca de alcohol.
La ceremonia comenzaba con nuestro jefe del poblado (Ben) y nuestro "orador" oficial (Ross), presentando nuestro regalo al jefe de la aldea, una raíz de Kava. En Fiji, lo que el dinero no puede, el Kava lo consigue. Los hombres entraron primero y se sentaron en círculo alrededor del bol para la mezcla. Las mujeres tuvimos que entrar después, y sentarnos detrás. Ellos, deben sentarse con las piernas cruzadas, mientras que nosotras debemos colocarlas a un lado. Y en esta postura, esperar sin movernos hasta que termine. Entonces, el jefe empieza a hablar, pero no os puedo asegurar lo que cuenta, pues habla en la lengua de Fiji. Después, empieza la mezcla del Kava. Entonan algún tipo de oración para que el Espíritu bendiga la bebida, y después, dan palmas tres veces. Y entonces, empiezan a repartir en pequeños cuencos hechos con cáscara de coco el brebaje recién mezclado. Empezando por nuestro jefe, este tiene que dar una palmada, decir salud (ya explicaré algunas palabras en la lengua de Fiji), beber todo lo ofrecido de un trago, devolver el bol, y dar tres palmadas mientras se da las gracias. Y este rito debe ser repetido por todo el mundo. Cuando todos han tenido su ración, se comunica que hemos sido aceptados en la aldea. Las mujeres, son separadas del grupo, y se nos enseña cómo hacer brazaletes de madera de palmera, mientras los hombres siguen bebiendo y hablando con los hombres del poblado. Sinceramente, prefiero los brazaletes.
También nos sacaron tarta recién hecha, y pudimos pasar un gran rato con aquella maravillosa gente. Para terminar la ceremonia, tuvimos que regresar a nuestros sitios, beber otro trago y dar las gracias. Y eso fue todo. Nuestro orador oficial había bebido aproximadamente 15 copas, así que le costaba un poco coordinar sus movimientos. En el autobús, disfrutó de una reparadora siesta.
Nuestra siguiente parada se suponía que iba a ser un río, en el que íbamos a poder hacer rafting, pero llovía bastante, el agua estaba muy turbia y podía llegar a haber peligro de una posible riada, con lo que esta actividad nos la saltamos. No me importó demasiado, porque la verdad es que tenía un poco de frío y no me apetecía volver a pasar lo del día anterior. Con lo que nos dirigimos directamente a la escuela.
Al ver llegar el autobús, los niños se pusieron como locos. Estaban realmente emocionados de vernos, porque significaba que iban a recibir algún tipo de regalo. Los colegios que visita el tour van cambiando, con lo que se regresa al mismo aproximadamente cada 3 semanas. Así que estaban muy excitados. Entramos en cada una de las clases, y los profesores nos contaron cómo enseñan, y cómo son los niños. Algunos viven en poblados muy lejos, y han de levantarse a las 6 de la mañana para después, caminar durante 12 kilómetros. Y a veces, sin posibilidad de alcanzar su objetivo, pues el río se ha inundado y no pueden pasar. Las clases son en inglés, ya que es el idioma oficial de las islas, a pesar de que estos niños solo saben hablar el dialecto de su aldea, con lo que hace el aprendizaje algo complicado. Tras las explicaciones, todos nos cantaban alguna canción. Los más mayores también nos hacían preguntas. Tuvimos que decir en 4 clases distintas nuestros nombres, de dónde éramos, el tiempo en nuestros países y en qué trabajábamos. Yo era la única original de España. La mayoría de los demás eran de Inglaterra, lo que lo hacía un poco aburrido. Por esa razón, Ross adoptó una nacionalidad distinta en cada clase, desde americano hasta islandés, para hacerlo más interesante. Lo mejor de todo eran las caras de felicidad de los niños cuando veían que tenían regalos, y les repartían los caramelos. Lo peor, cuando les preguntábamos qué querían ser de mayores, y la mayoría de ellos contestaban que soldados. Entonces veías esa tierna carita sufriendo de dolor en alguna guerra, y a mí, se me partía el corazón. Apartaba la vista cada vez, pues no quería imaginar esa inocencia quebrada por matar a un semejante. Puede que esté exagerando, pero un niño que quiere ser soldado no debería ser algo normal.
Finalmente, nos dirigimos hacia nuestro próximo resort: Volivoli Beach. Lugar paradisíaco donde los haya. Con una playa para ti sola, cogimos un kayak para recorrer la bahía, pues de pronto, había salido el sol y la temperatura era perfecta. Caminé por la arena blanca, adentrándome por un banco que me llevaba hasta el medio del mar, de manera que parecía "Silvana caminando sobre las aguas". Aproveché para coger algunos mangos del árbol que había subiendo a nuestra habitación (de 8 personas, con 2 baños cada una), y finalmente, disfruté de un maravilloso anochecer desde una tumbona en la playa. Una de las visiones más hermosas que he tenido.
La noche se presentó divertida. Nuestro animador, Sasa, nos apuntó a todos para hacer otra carrera de cangrejos. El mío era el número 6, y lo volví a llamar Pepa. Después de conversar un rato con los locales alrededor de un bol de kava (cómo no), se celebró la competición. Los tres primeros en salir del círculo ganarían una bebida gratis. Pepa consiguió el bronce, y yo me hice con un daikiry de margarita. Después, seguimos con otros juegos para pasar la noche. Tras ellos, Sasa nos deleitó con 2 danzas típicas de Fiji. La primera, fue "Lady Marmalade", disfrazado con una minifalda rosa y una peluca rubia. Le segunda, sí que era típica de Fiji, pero normalmente bailada por mujeres, y con otra minifalda y con sombra azul en los ojos. Un poco subrealista, pero tremendamente divertido.
Finalizamos la noche con una hoguera en la playa completamente a oscuras. No aguanté mucho, y me fui a la cama a eso de las 11 y poco. Fue un día más relajado que el resto, pero igualmente agotador.
3 comentarios:
¡¡Vaya!! ¡No dejas de sorprendernos! y... ¡Qué caña con los de Fiji! ¿no? Menudas bebidas tienen.
De verdad que das envidia ;) (envidia sana por upuesto :))
seguro que la bebida esa es para hablar con los espíritus o así!! o para robar a los turistas, a saber! xD
por cierto, pon foticos!!
Casi podrías hacer una guía de la lonely planettú solita sobre Fiji. Muy fuerte lo de la bebida, me ha recordado a cuando nos dieron a probar el zumo de palmera en Túnez, que no podía estar más malo!
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